Don Pelayo fue un caudillo astur del siglo VIII (muerto en 737) que protagonizó una rebelión contra el gobierno musulmán y fundador del Reino de Asturias. Se desconoce su lugar de nacimiento, pues diversas fuentes le atribuyen un origen gallego, asturiano, cántabro o incluso cordobés, todas ellas con notable intención de justificación política.
El problema de las fuentes
Al escasear las fuentes y ser éstas tardías (las cristianas son del siglo X), se ha tejido una leyenda acerca de esta figura. Pero tanto si era un representante de la aristocracia local asturiana procedente de la facción vencida de los seguidores de Don Rodrigo, como si se tratase, lo que es más probable, de un individuo de origen godo que gozaba de respeto e influencia entre los astures, parece fuera de toda duda la existencia del personaje histórico que confirman tanto las dudosas Crónicas de Alfonso II como las también poco objetivas aunque más cercanas en el tiempo crónicas musulmanas, que minusvaloran la figura política y militar del caudillo astur.
La leyenda
Según la leyenda, Pelayo era un noble visigodo, hijo del duque Favila y nieto del rey Recesvinto. Debido a las intrigas entre la nobleza visigoda, el rey Witiza conspiró para asesinar a su padre. Pelayo huyó a Asturias, donde tenía amigos o familia y, posteriormente, al sentirse inseguro en la Península, marchó como peregrino a Jerusalén. Allí permaneció hasta la muerte de Witiza y entronamiento de Rodrigo, del que era partidario. Con éste ocupó el cargo de conde de espatarios o de la guardia del rey y como tal combatió en la batalla de Guadalete en abril o mayo del año 711.
Tras la batalla se refugió en Toledo y, a la caída de la ciudad (714), mientras otros escapaban a Francia, él volvió a Asturias, supuestamente custodiando el tesoro del rey visigodo.
Las primeras incursiones árabes en el norte fueron las de Muza en 716. Tomó Lucus Asturum (Santa María de Lugo de Llanera) y luego Gijón, donde dejó a cargo al gobernador Munuza. Las familias dominantes del resto de las ciudades asturianas capitularon y probablemente también la familia de Pelayo.
En el 718 tuvo lugar una primera revuelta encabezada por Pelayo (al parecer porque Munuza se había casado por la fuerza con su hermana Adosinda), que fracasó. Pelayo fue detenido y enviado a Córdoba. Sin embargo, consiguió escapar y volver a Asturias, donde encabezó una segunda sublevación y se refugió en las montañas.
Munuza envió a un general, Al Qama, a someter a los sublevados. Al Qama entró por el puerto de Tarna, remontó el Nalón y llegó a Lucus Asturum. Desde allí fue al valle de Cangas, donde estaban los cristianos. Allí, hacia el 722, tuvo lugar la Batalla de Covadonga, donde fue derrotado por Pelayo.
Los cronistas musulmanes posteriores, en cambio, afirman que Pelayo fue derrotado en Covadonga y que quedaron sólo 300 de sus hombres, a los que llamaron despectivamente "asnos salvajes", y que se refugiaron en las cuevas de una montaña junto con diez mujeres, sin representar por ello ningún peligro para el mandato islámico sobre la zona.
Los hechos
Pelayo, dirigente político de Gijón, ya que los musulmanes se refieren a dicha población como la roca de Pelayo, parece que hacia 718 se enemistó con el gobernador de la localidad por causas no aclaradas. Se retiró con los suyos a la zona de Picos de Europa, donde una expedición de Munuza fue derrotada en una escaramuza en el lugar de Covadonga, aunque algunos historiadores creen que dicho enfrentamiento forma parte del mito (ver: Batalla de Covadonga). Con la derrota, Munuza abandonó Gijón e intentó salir de Asturias, siendo derrotado en Olalíes, situado en el actual concejo de Santo Adriano.
Pelayo, que nunca se proclamó rey, estableció su gobierno en Cangas de Onís. Se casó con Gaudiosa y fue sucedido a su muerte en 737 por su hijo Favila. Don Pelayo era de Cantabria y habitaba en los pueblos de Liébana, ahora el pueblo de San Pelayo se llama así por él. Habitaba en Valdebaró.
La Reconquista de Gijón
Don Pelayo en el escudo de GijónGijón era probablemente la capital de la provincia árabe a la que pertenecía Asturias, gobernada por Munuza. Cuentan las crónicas que tras la derrota de Covadonga salió huyendo con sus fuerzas, probablemente por temor a que la gente de Gijón se uniera a la revuelta. El caso es que Pelayo se apoderó de Gijón sin apenas esfuerzo.
Al divulgarse la noticia de la toma de Gijón por tierras musulmanas, muchos cristianos se unieron al ejército de Pelayo. Esto desalentó a los musulmanes de intentar retomar Gijón y la zona que esta ciudad controlaba.
La ayuda externa
La revuelta de Pelayo en 722 nunca habría triunfado sola, ya que el ejército árabe era mucho más poderoso, pero tras recibir las noticias de Covadonga, Pedro de Cantabria se unió a la lucha con todas las fuerzas del Ducado. También muchos nobles visigodos y población cristiana de la Hispania sometida emigraron al norte para unirse a la revolución de Pelayo.
Muerte de Don Pelayo
Falleció en Cangas de Onís, donde tenía su corte, en 737. Fue sepultado en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, próxima a Covadonga, que él había fundado. Posteriormente sus restos fueron trasladados por Alfonso X a Covadonga.
yo me llamo Pelayo